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martes, 9 de agosto de 2011

ADRIANA DE LOS SANTOS, Piano

Pianista argentina, nacida en Entre Ríos donde cursó sus primeros estudios musicales. En l978 egresó del Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional del Litoral con el título de Profesora Nacional de Música en la especialidad piano. En Argentina sus maestros fueron Amalia Creus, Gerardo Gandini y Lucía Maranca.

En 1980 ingresó n la McGill University de Montreal, Canadá, donde hizo estudios de posgrado con los maestros Charles Reiner y Natalie Pepin en música clásica, y Bruce Mather en técnicas del siglo XX.

En 1977 comenzó sus actuaciones en música contemporánea que incluyeron estrenos de obras de compositores argentinos. Fue miembro del Contemporary Music Ensamble de la McGill University, Canadá. Ha realizado giras por diversos países y trabajado para las principales agrupaciones argentinas y latinoamericanas de música contemporánea.

En 1988 dirigió el megaconcierto “Vejaciones”de Erik Satie, durante doce horas continuas y con diez pianistas diferentes, en el Teatro General San Martín de Buenos Aires. En 1991 dirigió el teatro musical “La Momia” del compositor argentino Gustavo Ribicic, con cinco actores y diez músicos en escena. En 1992 dirigió el ciclo “Paramusikal Parakultural”, auspiciado por el Teatro Colón y la Secretaría de Cultura de la Nación. En 1995 fue invitada por la Universidad Católica de Lima, Perú, para dictar clases magistrales y ofrecer conciertos de música latinoamericana.

En 1997 inauguró con un concierto, el Festival Latinoamericano de Cine que se realizó en Lima, Perú. También fue invitada al Primer Festival de Buenos Aires en Porto Alegre, Brasil. Tuvo a su cargo los conciertos inaugurales del Ciclo Experimenta 97, 98, 99 y 2000. En 1999 estrenó el circo cageano “La Desconocida”realizado en colaboración con el poeta Jorge Perednik.
En 1999 forma un trío de música interactiva con el artista visual Gregori Kowalski y la compositora Andrea Pensado, con el que trabaja con las últimas tecnologías del género, y realiza numerosas presentaciones durante tres años.
En 2003 realiza en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires, una función de cine con música en vivo con piano y electrónica.
En la actualidad trabaja como solista y con diversas agrupaciones, en dúo de piano, música electrónica e interactiva y en ensambles de improvisación.
En 2004 forma el Trío El Otro Tango y en 2006 el Dúo Adriana de los Santos-Zypce de música actual compuesta por Federico Zypce y otra en conjunto.
En 2005 es invitada como artista al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Argentina, a una mesa redonda sobre arte y cine experimental con la cineasta norteamericana Bárbara Hammer y en 2007 en el mismo festival, abrió el ciclo de cine afroamericano con una performance en vivo acompañando la película Within ours Gates del director estadounidense Oscar Micheaux.

Es una pianista formada en la música clásica que se empezó a interesar desde sus primeros estudios –en la Facultad de Música de Santa Fe– por los autores contemporáneos. Su repertorio se fue volviendo cada vez más actual, mientras su formación académica seguía con la música clásica. A partir de John Cage atravesó una frontera que ahora le permite improvisar, experimentar y tocar piezas de autores de su época. Después, siguió sus estudios en Canadá y formó parte de un grupo de música contemporánea en la Facultad de Montreal.
Adriana de los Santos es parte del grupo Experimenta, que empezó como un ciclo ideado por Claudio Koremblit. Apenas Koremblit consiguió que fuera posible traer músicos de afuera dedicados a la experimentación y que tocaran con los de acá, también comenzaron los problemas interminables con las instituciones involucradas. Entonces Adriana pensó que Experimenta era algo más que un nombre y que tenía que ser un lugar donde se pudiera experimentar.

Al regresar de Canadá, se encontró en Buenos Aires sin parientes ni amigos. El hombre con quien se había casado y se había ido de Buenos Aires, no había querido volver. Solamente tenía una amiga pianista que justo se iba a vivir a Angola y que le dejó todos sus alumnos. Un día la llamaron para tocar en un concierto y a partir de entonces empezó a tocar todo el tiempo.

Hace poco tiempo en una crítica a un concierto, publicada en un diario, se mencionaba que no era necesario “preparar pianos” para ser innovador. En determinados ámbitos, incluso dentro de la música contemporánea, que tiene su sector ultra académico y conservador, sigue siendo Cage quien divide las aguas. Las diferencias entre compositor e intérprete que Cage se encargó de relativizar –entre otras cosas– saca de quicio a más de uno. “Hay muchos prejuicios, que los improvisadores, los intérpretes, los compositores, los profesores universitarios, la música popular, el rock. Es muy complicado. Nadie está libre de esos prejuicios pero es importante que haya un interés por no tenerlos, por cuestionarse, ¿qué estoy diciendo?, porque la única manera de desarrollar cosas y de cambiar el espíritu de todo es mezclándose con la gente. También hay que ver qué hace uno para romper eso. No está en los jóvenes naturalmente la falta de prejuicios, Picasso decía ‘para ser verdaderamente joven hacen falta muchos años’. Hay gente que está tan enamorada de la cultura clásica que le cuesta mucho entender otros fenómenos, otras necesidades. Me parece bien, lo que no parece bien es hacer una militancia de eso, es como si yo dijera ‘la verdad es que Beethoven es una mierda’. Es cierto que hay un desgaste de lo novedoso, pero son procesos, yo creo que en todas las épocas debe haber sucedido con el agravante de que a nosotros se nos complicó con la comunicación que le inyectó velocidad a todo. Antes los compositores para comunicarse tardaban décadas, después los románticos ya estaban más en relación, pero a partir del siglo XX fue una cosa detrás de la otra.”

Siguiendo con los prejuicios, otros sectores acusan a los músicos que se dedican a la experimentación, utilizando instrumentos en un sentido diferente al que fueron fabricados o trasformando objetos en instrumentos, de excéntricos elitistas que tocan para su propio placer sin importarles que sus obras puedan resultar aburridas o que no se entiendan. “Es verdad que hay elitismo y que hay mucho prejuicio en cada uno sobre que nadie lo va a entender. Pero hay una confusión, yo tenía un maestro, un pintor, que cuando alguien decía ‘yo a esto no lo entiendo’, él contestaba: ‘y usted, de La Gioconda, ¿qué entiende?’. De Mozart, ¿qué entendemos? Lo que pasa es que hay un fenómeno de recurrencia, escuchamos todo el tiempo una música que está organizada de una manera determinada, que es la música del sistema y que está en la radio, en los jingles televisivos, en todas partes. Todo lo que escuchamos está en el sistema tonal, apenas te fuiste de ese sistema, estás afuera. Entonces es un tema de frecuentación, es muy difícil encontrarse con alguien, con esta gente que está afuera del sistema. Y cuando el sistema los adopta, por ejemplo en el ciclo del San Martín de música contemporánea, que es un mes al año en el que vienen músicos de afuera, la gente ve que los curriculums son reimportantes y que los que tocan acá ya tienen un cierto recorrido en la música, eso también es terrible. La salida de Experimenta a Grissinópoli este año fue de improvisaciones, 450 personas, 300 entradas vendidas, y la gente no se movió, se suponía que nos iban a tirar con sillas porque no era nadie del “ambiente” y sin embargo funcionó, estuvieron ahí, interesados por ese fenómeno. Eso me dio ánimo, porque si vos hacés eso en un contexto adonde la gente espera a una pianista de música clásica, no hay posibilidad de comunicación, está todo fallado. Una mujer nos escribió una carta que decía: ‘Tengo 60 años, era sábado a la tarde, me compré el diario y mientras mi marido dormía la siesta, leo que a la vuelta de mi casa iban a tocar. Yo no tenía idea de la fábrica tomada, le dije a mi marido por qué no vamos. Y les quiero agradecer porque pasé una de las noches más lindas de mi vida, estoy muy emocionada y me encantó’, pero entonces yo digo, ¿qué es lo que hay que saber para escuchar? El que está educado, está prejuiciosamente educado. La filosofía es tal, la música es tal, la lectura es tal, no hay otra cosa, entonces, esos cultos no pueden escuchar nada. Me parece que las sociedades que logran tener un poco de todo sonlas que más crecen, las que permiten que las cosas no se anquilosen en el poder porque a todo lo que le pasa eso, se muere.”
Fuente: www.imuspucv.cl

1 comentario:

Shaik dijo...

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